jueves, 27 de diciembre de 2012

La importancia de las definiciones


Una sociedad "cero residuos" no existe, pero debemos ir generando las condiciones para que nuestro modo de vida refleje los costos reales.   
La gestión medioambiental se basa en definiciones y convenciones. Así, lo que los "especialistas" entienden por contaminación es distinto a lo que las personas normales asumen. Desde la perspectiva de gestión (amparada por la legislación existente), contaminación es aquello que supere los umbrales definidos por la legislación. Lo anterior, por lo tanto, quiere decir que puede ser que exista una calidad ambiental percibida por la población como negativa que puede ser "legal". Obviamente, la normativa bajo la cual se ampara no pareciera ser correcta. En todo caso, las normas de calidad ambiental reflejan juicios científicos, económicos y sociales.

De lo anterior, podemos deducir algunos de los aspectos que hacen que la gestión de los residuos sólidos (RS) presente características distintas a la de la contaminación atmosférica e hídrica.

Los RS se ven y generalmente permanecen visibles en la naturaleza (y para qué decir en las ciudades y otros ambientes) por mucho tiempo.

Además, existe la posibilidad de reaprovecharlos (la basura o residuo de una actividad es la materia prima de otra). Por último, no se debe dejar de lado el que los volúmenes involucrados tienden a ser masivos y que la disposición de éstos es algo que casi nadie quiere.


Patio trasero

Este es un punto que desarrollaremos con mayor detalle, pero que a nivel internacional ha dado origen a las siglas NIMBY (Not in my back yard, no en mi patio trasero) y BANANA (Build absolutely nothing anywhere near anybody, no construir absolutamente nada cerca de alguien).

Para efectos de poder dimensionar de lo que estamos hablando, una persona de ingreso medio en la ciudad de Santiago genera del orden de 1 kg de residuo de origen domiciliario por día (¡y para qué decir durante períodos como Navidad!) y estos residuos tienen una densidad del orden de 0,4 tonelada/metro cúbico por lo que cada tonelada generada implica disponer (antes de compactar) de 2,5 metros cúbicos para su disposición final.

Los residuos mineros (Chile es el principal país productor de cobre del mundo -34%-) que normalmente son dispuestos en botaderos (los estériles) y en tranques de relave (los restos del proceso) son de una dimensión casi inentendible. Para ejemplarizar, una mina que procesa 100.000 toneladas de mineral por día (gran minería) genera casi la misma cantidad de relaves (100.000 toneladas por día) y si tiene una razón estéril/mineral de 2/1, 200.000 toneladas de roca estéril por día.

La vida útil con la cual se evalúan estas minas tiende a ser de alrededor de 25 años. Como se ve, los volúmenes para los cuales es necesario disponer de áreas apropiadas para su manejo son inmensos. Esto genera una gran presión y competencia por usos del territorio. El territorio es limitado y siempre existen múltiples usos para el mismo.

Es así que en la medida que la población crece, el territorio se ve tensionado entre su uso para vivienda, recreación, agricultura, y el uso que nadie quiere, la disposición de residuos.

No podemos dejar de mencionar que mientras no se consideren, de manera integral, los costos de manejo y disposición de los RS en el precio de los productos o actividades, algunos miembros de la sociedad se verán expuestos a costos originados por terceros y con relación a los cuales no se verán adecuadamente recompensados.

Como premisa, asumiremos que se debe incluir en el precio de los bienes y servicios el costo total de gestión de los residuos generados tanto durante la producción como durante el uso y eventual descarte de los productos. Cuanto más exigentes sean las condiciones para la gestión de los residuos, mayores serán los costos de disponer de ellos, y mayores serán los costos de los productos asociados.

Si las demandas sociales son tales que no se puedan disponer residuos a menos de 100 km de un lugar poblado, entonces tendremos que asumir los costos de transporte de éstos hasta el lugar definido (si es que existiera).

Si la condición es incineración con control total de las emisiones, entonces esto tendría también que reflejarse en el costo de los productos (sin siquiera mencionar que en la actualidad la instalación de un incinerador es casi imposible por la oposición de la sociedad, -BANANA-).

Existe una cantidad importante de actividades que damos por obvias en nuestra vida diaria y que también generan una cantidad importante de residuos y que no vemos, pero que son parte relevante de la gestión productiva y ambiental de esos procesos.

La generación de energía eléctrica con carbón o la generación de calor con biomasa producen cantidades importantes de cenizas, la construcción genera muchísimos residuos y para qué decir la producción de agua potable y el manejo del alcantarillado.

No deja de ser interesante el darnos cuenta de que la generación de residuos es un reflejo de las condiciones de desarrollo económico de una sociedad.

En términos generales, podemos decir que mientras más rica es una sociedad, mayor cantidad de residuos genera.

Bajo la perspectiva anterior, tenemos entonces que asumir que el consumo o uso de productos y servicios genera residuos. Bajo las condiciones actuales, una sociedad "cero residuos" no existe, pero debemos ir generando las condiciones para que nuestro modo de vida refleje los costos reales.


Los desafíos

Una vez generado el incentivo de precio se crean las condiciones para que durante toda la cadena de producción y consumo se internalicen las cantidades deseadas y no se generen excedentes no deseados. Esto no significa que no se generarán residuos, pero la cantidad que se produzca será la socialmente óptima.

Resumiendo, las actividades del ser humano generan residuos. La cantidad de estos residuos es función de los niveles de ingreso de la población, de las regulaciones para su manejo y de la internalización de costos durante todo el ciclo de vida de los productos.

El ser humano no es 100% eficiente en su vida. El uso y consumo de productos (incluyendo alimentación) genera residuos. El desafío es que al momento de desarrollar una actividad o consumir un producto estemos conscientes de qué es lo que eso implica desde la perspectiva de los residuos.

Esa conciencia puede, de parte de la educación, recibir valiosísima información de los precios involucrados (a mayor precio tendemos a consumir menos y a generar menos residuos) y, por lo tanto, es imprescindible que los precios reflejen las exigencias de disposición final de residuos.

Estas exigencias son producto de acuerdos sociales que deben incluir explícitamente las demandas de las comunidades cercanas o afectadas por la gestión de residuos.

El barrer debajo de la alfombra o enviar los residuos lejos para no verlos no es una gestión aceptable. El rol del Estado en resolver los conflictos por el uso del territorio es fundamental.


FUENTE: http://www.edicionesespeciales.elmercurio.com/destacadas/detalle/index.asp?idnoticia=201212271176331&idcuerpo=1113