jueves, 22 de marzo de 2012

CHILE USA MEJOR SU AGUA QUE EL RESTO DE AMÉRICA, PERO AÚN NO LO HACE BIEN




Una normativa adecuada, que considere el factor ecológico, mejor información sobre las distintas zonas y una administración más eficiente, es lo que falta.  

Lorena Guzmán H. 
Independientemente de si hay sequía o diluvia, hay algo que es permanente con los recursos hídricos, éstos escasean cada vez más.
Para analizar el fenómeno, las academias de ciencia de 15 países americanos, a través de la Red del Agua de la Interamerican Network of Academies of Science (IANAS), encargaron a investigadores locales hacer un análisis del estado del agua en sus respectivos países. El resultado fue el libro "Diagnóstico del agua en las Américas", que se lanza hoy en la Academia Chilena de Ciencias.
Calidad versus cantidad
James McPhee, de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile e investigador a cargo del capítulo nacional, asegura que el país en los últimos 30 años ha avanzado mucho en proveer servicios a la población. Ello ha hecho que Chile esté al mismo nivel en términos de sanidad que países desarrollados, donde casi no hay enfermedades transmitidas por esta vía.
Sin embargo, agrega, en términos macro, "falta bastante por hacer sobre el rol ambiental que juega el agua y en los mercados del agua, que produce inequidad y frena la superación de la pobreza".
Más en detalle, una de las cosas que faltan para el académico es velar por la calidad del agua. "La normativa regula las descargas de contaminantes permitidas en caudales o lagos, pero no cuánto es el máximo número de usuarios que pueden verter desechos al mismo tiempo", explica.
Esto no sólo lograría controlar los niveles de contaminación, sino también el uso que se le da al cuerpo de agua. "En el caso del río Lluta, en la Región de Arica, por ejemplo, éste tiene altas concentraciones de boro, lo que es bueno para el ecosistema, pero no para el riego o el consumo humano", dice.
Otro punto ligado al aspecto ecológico es la normativa dispar. Todos los derechos de agua concedidos antes de 2005, explica McPhee, no consideran límites de extracción para conservar el ecosistema acuático. Así, eventualmente se podría sacar toda el agua hasta secar completamente un río.
El vacío en la normativa no es sólo un problema de Chile, sino que también de la mayoría de los países estudiados. Incluso, EE.UU. aún tiene normas del siglo pasado que no se condicen con las demandas actuales y los cambios en la hidrología debidos al clima.
Ello se suma, aseguran los capítulos de Brasil, Perú, Colombia y Costa Rica, entre otros, a la falta de datos fiables sobre los recursos hídricos. En el caso de Chile, "las redes de monitoreo para medir los niveles de agua siguen siendo arcaicas a pesar de los esfuerzos de modernizarlas. Además, la cobertura no es adecuada y los factores que se miden no son suficientes", dice.
A ello se suma que la información existente es dispersa, fragmentada y de difícil acceso. Sin ella, no sólo los científicos no pueden hacer estudios acabados sino que también se dificulta el cambio de cultura de la gente, dice.
El capítulo sobre Colombia es tajante sobre este punto. Según los investigadores colombianos, el gran problema que enfrenta su país "depende más de su manejo y control que de su disponibilidad natural".
Esto está directamente relacionado con el poco conocimiento, por ejemplo, de los acuíferos subterráneos. Éstos son fundamentales desde Santiago hacia el norte, dice James McPhee, y no hay datos sobre su estado.
Especialmente en períodos de sequía como éste, la gente tiende a extraer más agua. "Cuando la fuente de agua es superficial, se es consciente de cómo afecta la sequía al recurso, por lo que se puede estar más preparado. En el caso de las aguas subterráneas, éstas no son afectadas de inmediato y no hay noción de su reducción", termina.
 Cambio Climático
Los informes de los 15 países que incluye el libro hacen hincapié en la necesidad de considerar el cambio climático en el manejo del agua.
Si las predicciones se cumplen, a mediados de siglo, Chile tendrá menos precipitaciones y será más cálido. Esto no sólo reducirá el acceso al agua, sino que también aumentará significativamente su demanda.