jueves, 10 de mayo de 2012

COMO INFILTRAN AGUA EN BARCELONA

Hace cerca de 60 años en la capital de Cataluña, en España, se vivía una situación similar a la que hay por estos días en Copiapó, donde el acuífero se está secando. Con sistemas básicos y otros más complejos, generaron una fórmula para reabastecerlo.

Patricia Vildósola E., Barcelona, España 
A fines de la década del '50, Barcelona se quedaba sin agua. Al igual que ocurre hoy con Copiapó, en la III Región, los catalanes habían sobreexplotado el acuífero subterráneo, al punto que su principal fuente de agua estaba casi seca. Casi la misma situación que por estos días vive el acuífero nortino, que por falta de lluvias y sobreexplotación ya casi no tiene agua. Con Chile ad portas de sembrar nubes, no es malo mirar la experiencia de este país cómo una forma de hacer un mejor aprovechamiento de las aguas que puedan caer y disminuir la pérdida del recurso en el mar.
Fue al ver que los pozos ya no rendían, que los catalanes decidieron que o hacían algo... o se quedaban sin esa estratégica fuente de abastecimiento del recurso. La situación se volvía más urgente porque a medida que el nivel del acuífero bajaba, crecía el riesgo de que se contaminara con agua de mar (la que normalmente no se mezclan por las distintas presiones osmóticas y por el nivel del agua del embalse subterráneo). Estaba claro que necesitaban encontrar la fórmula para volver a recargar el acuífero y... como en distintos lugares de Chile, las aguas lluvias escaseaban -en esa zona viven sequías intensas cada dos o tres años- y los ríos no alcanzaban a retenerla lo suficiente para que se colara hacia el embalse que tenían en el subsuelo.
En Barcelona -urbana y rural- hoy tienen que abastecer de agua potable a 24 municipios, que implican una población de más de tres millones de personas, además de la necesidad de agua para el riego y las demás actividades, lo que deja una demanda anual de 640 hectómetros cúbicos. Para ello obtienen el agua de dos ríos: el Ter -que luego confluye con el Bezos-, que está a unos 100 kilómetros de la ciudad; y el Llobregat, del que se obtiene casi el 50% del recurso que requieren. A ello agregan 25 pozos que tienen caudales variables que van entre los 100 y los 200 litros por segundo. La mitad de estos pozos se abastece con el acuífero subterráneo, que está a cerca de 35 metros de profundidad. El problema de Barcelona es que el régimen de lluvias es complejo. Cae mucha agua y en pocas horas, lo que hace que corra rápido y se pierda en el mar. Si bien, a diferencia de Chile la pendiente es fuerte en su inicio, luego declina bastante. Sin embargo, dada la extracción y los volúmenes de agua de los ríos, especialmente el Llobregat, a fines de los 50, el agua no alcanzaba a infiltrar el ya agotado acuífero.
"Para Barcelona el recurso de agua subterránea es estratégico, ya que las aguas superficiales de que disponemos no son suficientes. El Llobregat es un río de nivel medio -en los últimos años ha sido del orden de los 7 u 8 metros cúbicos por segundo-, y en determinadas épocas si captácemos las aguas que necesitamos secaríamos el río, y además hay otros usuarios, como los regantes" dice Josep Lluis Armenter, director de Producción de Aguas Barcelona (Agbar) y encargado del tema de la infiltración.
Así, fue hace 60 años que decidieron comenzar a aplicar sistemas de infiltración artificial y forzada, para lo cual fueron implementando distintas estrategias.
La primera fórmula fue intervenir directamente en el lecho del río, con lo que llaman sistema de escarificación la que se aplicaría en una zona agrícola importante, y que, por lo mismo, implicaba riesgo de contaminación del río con productos de uso agrícola.
"En el tema de la infiltración es clave el manejo de la calidad de las aguas. No se puede arriesgar contaminar el acuífero, pues afectaría la disponibilidad total de esa agua y dado que la velocidad del agua en el acuífero es 10 mil veces inferior a la del río", dice Armenter.
Precisamente por lo de la calidad de las aguas es que en la actualidad cuentan con un sistema de alerta que se activa ante cualquier problema de contaminación, llevando a detener la infiltración.
Escarbar el río
La escarificación consiste en hacer que el río mejore sus condiciones de percolado del agua, al menos en determinados puntos.
Por ello, ubican una zona alta, donde el suelo tiene buenas condiciones, más permeable, donde el agua corra con poca velocidad y donde el caudal permita que ingrese una pala mecánica. Ésta "limpia" diariamente el fondo del río, extrayendo el exceso de limo que lo ha impermeabilizado.
El sistema permite una infiltración de entre 0,5 a un metro cúbico por segundo, cuando hay un caudal de entre 10 y 35 metros cúbicos por segundo. Eso significaría una capacidad de recarga del orden de 2 hectómetros cúbicos año, aunque como dice el especialista es difícil medir cuánto efectivamente es lo que entra.
Si bien el sistema es lento, tiene entre sus ventajas que es de muy bajo costo: 0,03 euros el metro cúbico ($20 aprox.).
La necesidad era mayor, no sólo porque escasea el agua superficial, sino porque además, al menos para el agua potable, utilizan las subterráneas para manejar la calidad del recurso.
Para poder obtener un mayor volumen de infiltración los catalanes decidieron trabajar un nuevo sistema: balsas de contención. Lo que necesitaban era hacer que el río corriera más lento, para darle tiempo al agua a infiltrarse. Fue así como crearon un sistema de balsas que actúan como diques o barreras de contención, que se instalan en una desviación que hacen del río, donde estas balsas crean estanques, primero para la decantación del agua y otro, donde el suelo tiene condiciones de permeabilidad mejores, para la infiltración.
Con este sistema establecieron tres balsas en distintos puntos del río Llobregat, Albareda o Castellbisbal; Sant Vicenç dels Horts y Santa Coloma de Cervelló. Las de Albareda implican una superficie total de 6 mil metros cuadrados, con una tasa de recarga promedio anual de 1,6 hm3.
Este sistema permite medir cuánta agua se infiltra.
Este sistema permitiría una recarga de entre 2 y 10 hectómetros cúbicos al año, dependiendo de cuáles instalaciones se trate. El costo por metro cúbico dsería entre 0,07 y 0,17 euros.
La suma de los dos sistemas anteriores sería, quizá, una alternativa que podría utilizarse en Chile para aprovechar mejor las lluvias que caigan este invierno, aunque sean escasas.
Bombear hacia abajo
Un tercer sistema que han utilizado en Barcelona es la recarga de profundidad.
Aquí el sistema consiste básicamente en forzar el ingreso de aguas al acuífero a través de bombas. Para ello, Aguas Barcelona lo que ha hecho es utilizar las bombas de 12 de los 25 pozos de extracción que tienen, a los cuales les han instalado un sistema de doble vía. Es decir, tienen una cañería que permite extraer el agua y otra por la que pueden reintroducirla. Con este sistema tienen una capacidad de recarga de 75.000 m3/día y el costo del agua recargada es de 0,25 euros el metro cúbico, ya que involucra un costo importante de energía.
Aquí lo que se hace es reintroducir aguas del río ya procesadas en la planta de tratamiento de aguas de Sant Joan Despí, las que ya fueron testeadas previamente para evitar cualquier riesgo de contaminación).
El problema con este sistema es que el costo es mayor que los demás... pero como dicen los expertos, enfrentados a la necesidad de contar con agua, el costo es absolutamente relativo.
 Barrera hidráulica
Dado que para Barcelona se ha vuelto clave evitar la contaminación del acuífero con aguas salinas, en Agbar han buscado un sistema para generar una "barrera hidráulica" que impida el ingreso de las aguas salinas. Para ello crearon una línea a lo largo del borde costero, donde instalaron una serie de bombas, las que inyectan aguas tratadas que forman una especie de pared, manteniendo el nivel y evitando que ingrese el agua de mar, en el caso de que baje el del acuífero.
"Ha sido imprescindible velar por las aguas almacenadas en los acuíferos, evitando su deterioro y sobreexplotación, e incrementando las reservas mediante operaciones de recarga artificial, que han tenido y tienen un importantísimo papel en la utilización sostenible de las aguas subterráneas", enfatiza Armenter.
Patricia Vildósola E., Barcelona, España.

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